Medio Ambiente
Recursos no Renovables
Podemos clasificar los recursos naturales en dos grandes grupos: Recursos naturales renovables y recursos naturales no renovables.
Los recursos naturales renovables son aquellos que se renuevan en períodos más o menos cortos, pueden ser poco afectados por la acción humana, como por ejemplo, la radiación solar o la energía de las mareas. Entre ellos tenemos el suelo, el agua, la flora, la fauna, el aire, el paisaje, la energía del Sol y el viento. Pero también estos recursos son vulnerables al abuso, como ocurre con los suelos y la vegetación.
Los recursos naturales no renovables son aquellos cuyos procesos de formación tarda miles de millones de años, podemos decir que son finitos y su explotación conduce al agotamiento, tal es el caso de los minerales como el hierro, el petróleo, el gas natural, el carbón y el oro.
Los recursos no renovables más importantes son proporcionados por la esfera geológica de la Tierra en forma de materias primas, fuente de materiales, y combustibles fósiles, fuente de energía.
Se denomina reservas a los contingentes de recursos que pueden ser extraídos con provecho. El valor económico (monetario) depende de su escasez y demanda y es el tema que preocupa a la Economía. Su utilidad como recursos depende de su aplicabilidad, pero también del costo económico y del coste energético de su localización y explotación. Por ejemplo, si para extraer el petróleo de un yacimiento hay que invertir más energía que la que va a proporcionar no puede considerarse un recurso
Los combustibles fósiles son materias orgánicas que se han convertido desde su forma original a un estado mineral sólido (carbón), líquido (petróleo), o gas (gas natural), mediante un proceso físico y químico a través del tiempo dentro de la corteza terrestre. Si estas sustancias son quemadas completamente (oxidadas) cuando se utilizan como combustible, los productos resultantes son dióxido de carbono, agua y energía en forma de calor. Cuando un combustible fósil arde, no se destruye sino que se transforma principalmente en energía calorífica, pero la imposibilidad de restituirlo a su estado original lo convierte en un recurso no renovable.
El gas natural es el combustible fósil con menor impacto medioambiental de todos los utilizados, tanto en la etapa de extracción, elaboración y transporte, como en la fase de utilización.
Una manera en la que el gas natural puede contribuir significativamente al mejoramiento de la calidad del aire es en el transporte. Por ejemplo, los vehículos que funcionan con gas natural pueden reducir las emisiones de monóxido de carbono, hidrocarburos reactivos óxidos de nitrógeno y bióxido de carbono que otros combustibles fósiles. Otra manera de mejorar el medio ambiente es usar más gas natural para la generación de electricidad, para reemplazar el carbón o petróleo. Nuevas tecnologías de gas natural, como sistemas de turbina de ciclo combinado del alto rendimiento, aumentan el rendimiento de la energía y simultáneamente reducen la contaminación
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